¿Quién es Laura Ortín? Háblanos un poco de ti, de tu trayec- toria profesional…

Soy arquitecta. He estudiado en diferentes escuelas, la carrera en Valencia, la especialidad en Bruselas y el doctorado en Madrid. Vivir en diferentes lugares hace que tengas una perspectiva más rica y te permite acceder a diferentes pensamientos y enfoques. Trabajé un largo período en un estudio donde la intensidad y la velocidad me enseñaron el oficio. Fue duro, pero con el tiempo creo que fue mi paso a la madurez profesional, un cambio de piel por así decirlo. Después fundo mi propio estudio donde los trabajos, sin importar la escala, los afronto desde la concepción de la arquitectura como algo holístico defendiendo las capacidades políticas (sociales) del diseño.

¿Por qué decides desarrollarte profesionalmente en el mun- do de la arquitectura?

Estudié arquitectura porque era una carrera que me permitía desarrollar mis capacidades artísticas y técnicas. Aunque lo académico me defraudó bastante, dado que era poco experimental, cuando acabé intenté “olvidar” lo aprendido y reiniciarme. Primero trabajando en un estudio donde se pro- ponía una arquitectura arriesgada, valiente y exploradora y finalmente buscando mi propio camino donde trabajo en la búsqueda de una arquitectura emocional, más allá de un estilo o moda.

¿Cómo describirías las líneas estéticas que definen tus trabajos?

Creo que cada una de mis propuestas bebe del aprendizaje de la anterior y aunque pueda tener influencias contemporáneas huyo del estilo o estética predeterminados. Considero cada proyecto como una oportunidad de investigación, no sólo en lo formal, sino también en lo emocional. Lo primero que me pregunto es cómo puedo mejorar y qué rastro voy a dejar. Lo importante es no olvidar que hacemos arquitectura para el cliente, la sociedad, y que es siempre una nueva oportunidad para intercambiar ideas y recursos. Por ello me encantan los trabajos donde aparecen distintas disciplinas. Soy muy curiosa y me encanta aprender de los demás.

Por ejemplo en “La Casa de la Playa” vemos una ruptura con el resto del entorno pero que se mantiene el a la tradicional casa de planta baja ¿Es importante que el edificio encaje en el contexto en el que se diseña y para el que se diseña?

Cada proyecto tiene su propio contexto, el urbano, pero también el social. Debemos atender a ambos, para dar una respuesta a un posible problema o carencia. A la pregunta que me haces yo contestaría que no necesariamente debe de encajar en el contexto como una respuesta formal o mimética a este, hay otras tareas que atender: la ecología, las relaciones sociales públicas y privadas, etc. “La Casa de la Playa”, por ejemplo, es un arquetipo de ruptura en su contexto, algo así como una desobediencia estética y funcional que nos libera del pesado pasado.

¿Qué características o adjetivos consideras fundamentales en un edificio a la hora de plantear un proyecto?

Ya hemos aprendido que la luz, el lugar, el programa, etc. son elementos básicos a tener en cuenta, nos lo enseñó el Movimiento Moderno. Una vez superado ese lastre, debemos trabajar para proponer “la vivienda o el edificio que aún no tenemos”. En cada trabajo los parámetros generadores pueden ser muy dispares. “La Casa de la Playa” por ejemplo se gestó como una solución de vivienda en un tejido urbano inventado que se superpondría, en un segundo nivel, al tejido urbano existente. Es decir, un planeamiento distópico nuevo, como una ciudad nueva en el segundo piso. En las “Oficinas LANOFRUITS”, el germen fue la vida orgánica de los trabajadores, estas personas pasan la mayoría del día allí, por ello había que preguntarse: ¿qué movimientos hacen? ¿Cómo se relacionan?

¿Cuáles son tus influencias artísticas y profesionales en lo que a creación se refiere?¿En qué te inspiras?

La cultura que más influencia ejerce sobre mí en lo personal y en lo profesional es la japonesa. Me atrae todo de ella, su arquitectura vernácula y la contemporánea, su filosofía de vida, su atención a lo bello, a lo sublime. Me interesa mucho cómo conjugan su modo de vida con las propuestas arquitectónicas (Se- jima, Ishigami, etc.). Tenemos ejemplos maravillosos de estas arquitecturas en occidente, por ejemplo el Centro de Estudios Rolex en Lausanne (Suiza) de SANAA que provoca una transformación en las relaciones, tan sólo disminuyendo la “velocidad occidental“ trazando recorridos curvilíneos en rampa.

¿Cuál sería el proceso creativo desde que te solicitan un proyecto hasta que ve la luz?

Casi siempre sigo mi propia metodología que se va disgregando y acomodando dependiendo del encargo. Conocer a mi cliente y el entorno (físico y emocional) es clave. Hablar sobre su “lista de deseos” resulta terapéutico para ellos y me carga de información para poder ofrecerle mi trabajo totalmente particular y personalizado. A veces trabajo desde mi “biblioteca de ideas”, obsesiones o investigaciones propias que emergen según qué proyecto, por ejemplo en la “Casa del Alba” trabajo la curva como generadora espacial y expresiva, algo que ya había realizado en otros encargos . Otras veces un pensamiento o un objeto lo estudio y disecciono hasta hacerlo desaparecer y quedarme con su síntesis. Actualmente estoy realizando un encargo para un obrador con la idea “dentro del pan” y es posible que la llevemos hasta sus últimas consecuencias. Si tuviera que hacer un paralelismo metodológico, trabajo más como un Grasshopper, lo que llamo metodología “almadraba”, que como Bruno Munari y su metodología lineal, problema-solución. Lo que evito como proceso creativo es quedarme con una imagen formada final y finita, como un objetivo a conseguir. Nunca sé el final cuando empiezo a trabajar, fluctúo, dibujo, borro, rompo, creo y otra vez a empezar. Lo único que está fijo en el proceso es mi intuición, siempre la escucho y confío en ella.

Si tuvieras que elegir uno de tus proyectos, edificios, reformas… ¿Con cuál te quedarías?

Con todos y con ninguno. Lo mejor está por venir, estoy segura. Cada trabajo tiene experiencias o momentos mágicos. Pueden ser reuniones con mis clientes, instantes de creación explosiva, un día en la obra donde salí contenta (o no), etc. Pero sí que es cierto que hay proyectos que me han dado muchas alegrías porque los clientes y la crítica han superado mis expectativas, como cuando seleccionan tu trabajo para una exposición o te escriben desde Corea para una revista, para mí son momentos especiales, de impulso.

¿Cómo definirías las tendencias arquitectónicas actuales?

Consumimos mucha imagen y es peligroso si se “mira” pero no se “ve”. Podemos caer en una formalidad literal que provoca esa homogeneidad de tendencias que año tras año ocurren. Los profesionales tenemos la responsabilidad de filtrar esas tendencias y no hacer apropiaciones indebidas. Por eso más que tendencias me interesan las novedades en cuestiones de nuevos materiales, movimientos culturales o la moda. Cuando un cliente me pide algo al que le ponemos una etiqueta lo normal es que me plantee ¿por qué le gusta eso?¿Qué quiere expresar?, ¿Va con su personalidad? Contestar a estas cuestiones hacen que ambos nos planteemos nuevos códigos y aprovechemos la oportunidad del encargo para proponer no algo nuevo, sino algo propio.

Redacción_ María Huertas / Fotografía_ Vic Soriano