Juan Jiménez Alto es director de arte en proyectos de branding y comunicación visual, labor que compagina con la ilustración publicitaria y editorial. De estética sintética y directa, sus imágenes apuestan por la mínima expresión, para impactar de forma potente y eficaz en el interlocutor. En una charla distendida nos revela algunas de sus técnicas y su concepción de la comunicación y el diseño.

¿Quién es Juan Jiménez?

Siempre le he dado mucho peso a la etiqueta de diseñador, es lo que estudie y tiene mucha importancia para mí. Sin embargo, existe un momento concreto en el que se abre otra panorámica, otra perspectiva y es cuando descubro que lo que realmente me apasiona es comunicar. No es lo mismo diseñar en base a la estética, que emplear el diseño como herramienta para  la comunicación de un mensaje.

Tus imágenes comunican de una forma muy potente, transmiten y dan pie a la reflexión…

Ese es el objetivo, no generar indiferencia. Si no lo haces de este modo, no consigues comunicar. Si mediante el humor y la potencia visual logras que el interlocutor se cuestione una realidad, consigues casi el 100% del objetivo comunicativo. Para mí lo fundamental es “no quedarme a medias”

Tus trabajos tienen cierto cariz minimalista, sus líneas son puras, rectas, los colores son primarios pero a la vez comunican mucho ¿consideras que mediante esta forma más básica generas más impacto en el consumidor?

Sí, al principio tenía un estilo muy barroco, lo que me generaba cierta tensión. Quería llenar páginas en blanco con todo lo que descubría, pero no conseguía transmitir el mensaje. Todo era estética, lo que suponía una importante inversión de energía, que terminaba por quemarme. Finalmente, descubrí una forma mucho más lógica y sintética de trabajar que focaliza en el mensaje. Está bien ser barroco, pero hay que simplificar, sintetizar, para que el mensaje cale en el público. No quiero hacer carteles bonitos para enmarcar, quiero comunicar. Comprendí que a la hora de enfrentar un proyecto tiene que entenderte tanto el director ejecutivo de una empresa, como tu abuela. Eso es muy importante, te das cuenta que estás trabajando  para la gente y quieres que te entiendan. De ahí que me sienta más comunicador que diseñador.

Actualmente, impartes cursos de creación de marca que toman el pensamiento visual como punto de partida ¿a qué refieres cuando mencionas este concepto?

Es muy sencillo, y me encanta hablar de cosas sencillas. Todo el mundo lleva años hablando de ‘design thinking’, lo que en castellano se traduciría en pensamiento visual. Como comunicador es importante saber qué es el pensamiento visual y cómo lo puedo usar para resolver problemas del día a día, que es nuestra misión última al fin y al cabo. Las herramientas que uso para trabajar son el ordenador, la pantonera, los colores y una cosa (de la que la gente no habla) y es la más importante, la cabeza. Eso es el pensamiento visual, pensar para saber cómo puedo ser más rápido y efectivo a la hora de transmitir el mensaje. Esto no es mágico, no hace falta cambiar de país para aprenderlo, ni hacer veinte talleres, sino que consiste en saber cómo conectar el ojo con la mente para ser más rápido y potente.

¿Cómo definirías tu proceso creativo? ¿De dónde beben tus influencias? ¿Qué te influye, qué te afecta y cómo se desarrolla en tu cabeza y como lo plasmas?

Este aspecto suscita cierta polémica, antes trabajaba con una metodología totalmente diferente a la actual. De hecho, todas las influencias estéticas vienen en la tercera o cuarta fase del proyecto, casi al final. Mi método de trabajo a la hora de iniciar un proyecto invierte un 50% del tiempo en pensar (algo que no todo el mundo entiende). Considero que es preciso tener claro qué mensaje vamos a comunicar y cómo, para que resulte lo más potente y efectivo posible.  Luego la ejecución supondría el 25% y la estética otro 25%. Parece que hay mucho de ciencia en el proceso, algo que podría considerarse antagónico si hablamos creatividad, pero vivo mucho más tranquilo y soy mucho más feliz incluyendo esa parte racional al proceso creativo, porque así el mensaje inicial no se pierde. Hay que ser coherente y así me tomo la imagen. Hay que ser atractivo y comunicar. No puede ser solo un enganche estético, ni solamente un mensaje.

Hablando de tus ilustraciones, veo que utilizas mucho el humor, la ironía, las nuevas tecnologías, el sonido, el ruido… ¿Qué hace estos elementos recurrentes?

Tengo la oportunidad de decir lo que pienso e intento decirlo con un lenguaje universal, no quiero acotar. Mi recurso es la universalidad y la cotidianidad, busco acercarme mucho al interlocutor. Hay tanta magia en lo cotidiano, es tan real, que me gusta usarlo como herramienta para comunicarme, a pesar de que siempre se haya considerado algo “mediocre”. El humor es muy cotidiano. No necesito ser profundo, necesito el día a día, para acercarme a la gente. Mis alumnos piensan que no es fácil llegar a crear una imagen que sea potente y con la que se identifique el público, pero es sencillo. En la metodología es fundamental identificar palabras, para que a través del desglose se construya la imagen. No sé la cantidad de libretas moleskine que tengo con dos hojas, porque pensaba que el pensamiento visual empezaba dibujando. Ahora es tan fácil como coger un posit, escribir palabras y ya está, porque si empiezo a dibujar me pierdo pensando en la estética, no en el concepto.

¿Tienes futuros proyectos en mente?

Quiero dar un enfoque a la parte del taller y la formación, ya que cada vez funcionan mejor. Considero que queda mucho por hacer a nivel de comunicación visual, ya que es una pieza clave en muchísimos procesos, de modo que me gustaría darle un peso mayor. Me encanta la formación, ver la respuesta de los alumnos al ver una imagen, ese medio parpadeo en el que se reconoce si el mensaje ha llegado y ha calado.

Redacción_ María Huertas / Fotografía_ Vic Soriano