Ella es una de esas personas que tiene un aura especial, un “algo” que la envuelve y te embelesa, de cuyas palabras no quieres dejar escapar una sola coma. Licenciada en Bellas Artes, Doctora en Historia del Arte y Artista visual, Tatiana Abellán se “desnuda” (a pesar de su expresa timidez) para Shopper y nos descubre el hábitat natural de una rara avis.

¿Quién es Tatiana Abellán? Háblanos un poco sobre ti, sobre tu trayectoria profesional…
No tengo muy claro quién soy, la verdad, espero saberlo pronto. Como decía Rimbaud “Je suis un autre” (Yo es otra). Siempre digo que soy muchas personas, supongo que soy el compendio de muchas cosas; yo y mis circunstancias, en definitiva. Soy la segunda de tres hermanos, y así me siento siempre: en medio. Ajena a todo, entre todo y nada. Pasé de cursar ciencias puras a hacer el bachillerato artístico, algo antagónico. Me llevé un auténtico disgusto el primer día cuando el director afirmó que quiénes estábamos allí era porque carecíamos de interés por el estudio o las ciencias, porque hacíamos garabatos en el margen de las libretas. Sentí que tampoco encajaba. Sin embargo encontré mi sitio de algún modo y conseguí el Premio Extraordinario de Filosofía al finalizar el curso, al fin y al cabo el arte es filosofar, pero con otro lenguaje.
Me licencié en Bellas Artes en la Universidad de Murcia, y disfruté de una beca FPU y  finalmente soy una feliz Doctora en Historia del Arte. Esa soy yo, un híbrido, algo a medio camino; una científica frustrada, artista extraña y una intrusa entre los historiadores del arte.

¿Cómo te definirías artísticamente hablando?
Soy artista, artista visual. Me dedico al arte contemporáneo, y es precisamente la libertad que supone lo abierto de este concepto lo que me hace ser feliz.

Profesora, investigadora, fotógrafa, artista… ¿Cuál es la parte de tu trabajo que más disfrutas?
En general, soy muy “disfrutona”, encuentro placer en todas mis derivas profesionales. Lo que más me gusta es sentir que todo tiene una conexión entre sí, que todo encaja de alguna manera. No son ocupaciones inconexas, sino diferentes manifestaciones de unos mismos intereses, yo tardé en darme cuenta, pero en el fondo lo que a uno le conmueve se repite, aunque cambie formalmente de apariencia. Con la docencia me siento súper útil, personal, profesional y anímicamente: tengo alumnos que me han alegrado la vida. Respecto a la investigación, me gusta el encontrar algo que te hace sospechar e ir descubriendo cosas periódicamente, así como la satisfacción al concluir un proyecto. En cuanto al arte tengo una relación de amor-odio, porque siento que hay muchos fraudes, como en cualquier ámbito, pero que a los artistas se les acusa ya como carta de presentación. Sin embargo, luego es mi auténtica pasión. Y lo que descubrí hace poco es que cuando hago algún proyecto u obra de creación personal siento que de alguna manera estoy poniendo orden, que las cosas van encajando, que hago limpieza…

Ganadora del Certamen Crea Murcia en la categoría de Artes Visuales con Fuisteis Yo. Memoria Líquida. ¿Qué buscabas transmitir ¿
A esa pieza le tengo un cariño especial es la culminación de un proyecto que llevo desarrollando desde 2013, titulada “Fuisteis Yo”. Nace de una anécdota personal. Cuando estaba de Erasmus en Roma un problema en el ordenador hizo que perdiera todas las fotos que tenía de mi estancia allí. Me supuso despedirme de recuerdos que no podría volver a ver, imágenes que recuerdo, que podría dibujar e imaginar, pero que jamás podría volver a enseñar. Lo que me llevó a empezar a comprar y coleccionar fotos antiguas, a hacerme un álbum personal, pero apropiado. Comprendí que eso era algo que iba a suceder, todos íbamos a perder nuestras imágenes tarde o temprana, solo que a mí me había llegado antes de tiempo. Imágenes que eran la representación del olvido, justo el fin contrario para el que habían sido creadas.
Empecé a borrar las fotos. Finalmente determiné dejar solo un fragmento que diera pistas de que ese papel en algún momento contuvo una imagen. Una imagen de la que no quedan registros y que yo fui la última persona en admirar, que de alguna manera habían quedado en el olvido y cuya visibilidad reivindicaba de nuevo. Lo que me sorprendió de este proyecto fue cómo la gente se ofende sin que exista ningún tipo de provocación.

Conceptos como la temporalidad, lo efímero, la fugacidad, la memoria, el pasado… resultan recurrentes en tus obras ¿Por qué?
Cierto. Y creo que tiene que ver con que son las mayores preocupaciones de mi vida. En todo lo que hago siempre subyace el tiempo, la memoria o la muerte. También es posible que la decepción que acompaña a los de mi generación haga parecer mi obra un tanto nihilista, sin embargo yo creo en Dios, y esto, en mi contexto, sí que es absolutamente rompedor (risas), soy una rara avis. También atravesamos una época donde lo pasado, lo antiguo, lo vintage es una mirada atrás, una lucha contra el futuro, sin embargo en contra de lo que pueda parecer no soy nada nostálgica, soy bastante optimista y no creo de ninguna manera que cualquier tiempo pasado fuera mejor, sino que es necesario mirar al pasado para entendernos, para no repetir los mismo errores. El arte contemporáneo, por ejemplo, continuamente requiere de conocimientos previos.

¿Cómo describirías tu proceso creativo?
Caótico y dispar. Me encantaría decir lo contrario, especialmente porque sé que mis alumnos pueden leer esto, y a ellos les insisto hasta la extenuación en la importancia de seguir una estricta metodología de trabajo a la hora de iniciar un proceso creativo. Lo que tengo claro es que los tiempos, los ritmos, las intensidades o las soluciones formales de mis proyectos de creación son muy diferentes entre sí.  Y aunque mis premisas son siempre la sencillez, la coherencia y la honestidad, me atrevería a decir que incluso el grado de compromiso es muy variable, depende de lo que me “punce” hay proyectos que estás dándole vueltas continuamente hasta llevártelos a la cama y otros que se cuecen a fuego lento, y cuyos resultados no se aprecian hasta pasado un tiempo.

¿Dónde buscas/encuentras la inspiración a la hora de iniciar una obra?
En mi vida. La verdad es que no creo mucho en la inspiración, creo en el trabajo, el estudio, la constancia y la sensibilidad. Lo de la inspiración es un concepto decimonónico, pero imagino que al final me fijo en aquello que me conmueve. Como Picasso decía que la inspiración te pille trabajando. No soy tan racional como yo pensaba,  al final mis obras son eminentemente emocionales, lo que significa que mis obras también me ayudan a conocerme.

Fotografías tratadas químicamente que desaparecen, quemaduras solares sobre la piel… Utilizas técnicas poco frecuentes y de cariz transgresor ¿Por qué?
Yo siempre digo que soy una artista bastante clásica, algo que suele llamar la atención. Por  ejemplo, Fuistéis Yo es una actualización del concepto clásico de Memento Mori. Aunque entiendo que la gente que no esté familiarizada con el lenguaje del arte contemporáneo no lo vea así, pero yo te aseguro que lo soy. En cuanto a Encarnados, los negativos los hago visibles temporalmente sobre mi piel a través de la luz ultravioleta, en una quemadura. Algo que puede parecer transgresor, después de conocer a artistas del body-art que han llegado a cometer verdaderos ultrajes sobre su cuerpo, es casi una cosa poética, sutil.
Creo que el que no arriesga no gana, y es necesario ser radical, de ir a la raíz e intentar hacer las cosas de la forma más honesta. A mí la desnudez, por ejemplo, me supone un conflicto porque soy muy tímida, siempre he dicho que nunca me desnudaría para una obra a no ser que lo que tuviera que decir fuera lo suficientemente importante, y hasta la fecha no ha sido así.

Fotografía_ Vic Soriano
Redacción_ María Huertas

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