“Muéstrame el niño de siete años y te mostraré al hombre” esta afirmación no es del todo cierta pero contiene la suficiente fuerza como para que los padres se sientan aún más, en la obligación de hacer las cosas bien.

Antes del primer hijo es imposible entender hasta qué punto la llegada al mundo de nuestro hijo va a cambiar la forma de percibirlo todo. En ese momento, será nuestra primera relación que no podemos “dejar aparcada para tomar aire y luego reanudarla”.  Será el amor más intenso y leal que nos encontremos, pero también será terrible, frustrante y aburrido, en más de una ocasión, perderemos el control y lo razonaremos con un “es que, ni siquiera podemos dialogar”.

Enseguida nos salta la siguiente frase, en un luminoso de manera inconsciente “Casi todo el mundo esta capacitado para criar hijos y cultivar algunas flores”. Parece que tener hijos es algo sencillo, plantas la famosa semillita, germina y al cabo de nueve meses ¡tachan! El “milagro” de la vida asoma en forma de bebé. Le doy de comer, le doy amor, le compro todas esas chuminadas que a mí no me compraron y que siempre quise tener.

El acto en sí de tener un hijo es sencillo. Pero eso es solo el principio de un proceso largo y costoso que va a requerir muchos sacrificios por nuestra parte. No solo un sacrificio económico, que parece que siempre es el primero en la lista, sino también un sacrificio moral.

Todo el mundo nos dará consejos sobre lo que hacemos mal, pero nadie nunca nos alabará las noches que llevamos sin dormir, ni lo cansado que te sientes, leeremos miles de libros y artículos sobre ello, obviando los pequeños detalles, que son los que, en gran medida, marcarán la forma de ser de nuestro pequeño/a vástago/a. Me refiero a la importancia que tiene conocer bien ( siendo sinceros con uno mismo) esos malos hábitos que todos tenemos en algún momento de nuestra vida y que pueden ser de vital importancia a la hora de criar a nuestros hijos.

Se tiende a creer que porque son niños pequeños “no se enteran de nada”, pero no os engañéis. Los niños no son tontos. Ellos os conocen muy bien, tanto o más de lo que creéis conocer a vuestros hijo, porque en general, los niños nacen con una capacidad innata de idolatrar y admirar a sus padres, de modo que todo lo que hagáis será almacenado en su memoria (que es impresionante) y les servirá de referencia a la hora de tomar decisiones en un futuro.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Básicamente a hacer un poco de autocrítica, sobre todo recalcar que somos humanos, cometemos errores y aprendemos con la práctica e igual que no eres malo en tu profesión por preguntar una duda, tampoco eres mal padre por hacerlo. El niño siempre será el piloto, las alas del avión serán el colegio y el ambiente, tú el controlador aéreo y nosotros solo seremos los que te daremos el parte meteorológico.

Es muy importante recalcar que el cerebro del niño esta en construcción no dejes que cualquiera lo moldee, busca siempre especialistas y pregunta todo lo que necesites y siéntete confiando para que así entre todos el avión llegue a su destino.

Claudia Molpeceres. Psicóloga Infantil
Proyecto Crece

 

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