Hay una canción menos conocida de Bob Dylan, si es que eso existe, que se llama un simple giro del destino y es que cada día me encuentro con historias de relaciones que terminan, y parejas que se acaban y algunos que se marchan, aunque se queden. Y es que a veces creemos que una simple parada es nuestra llegada, o como dice una amiga: “a veces nos enganchamos a todo lo que nos mata; ideas, cosas, drogas y personas sobre todo personas, que no son” vamos a llamar a estos errores en los que nos empeñamos y no olvidaremos “simples giros del destino” y de regalo ahí va esa brillante estrofa de Dylan:

La gente dice que es pecado saber y sentir demasiado, sigo creyendo que ella fue mi alma gemela, pero perdí el anillo. Ella nació en junio, pero yo nací casi cinco años tarde, échale la culpa o llámala un simple giro del destino.

Nacemos con un érase una vez y un punto final escrito en la piel. Somos brillantes contradicciones y oscuros egoístas. Adoramos avanzar en un viaje que se acaba con un destino al que no queremos llegar. Decía Hunter S. Thompson que la vida no es para llegar impoluto y sin magulladuras sino derrapando, de lado, llenos de polvo y exclamando “vaya viajecito”. Lo que importa es que te comas los malditos capítulos de tu historia, que exclames e interrogues y de ti depende que rías, llores, tiembles y te rompas o aún mejor, todo a la vez.

Esto lo pienso, joder, mejor dicho, esto lo siento tras encontrar algo que escribí hace más de dos años, entre las notas de suicidio de a diario que escribo en las que se termina mi yo de cada día, y que conseguí ver en uno de esos momentos en los que una fría lucidez mental consigue dominar a mis hirvientes impulsos coronarios, cosa que pocas veces ocurre por mi parte también hay que decirlo:

“Que lo que seremos pague los destrozos de lo que fuimos, cuando no queríamos ser más que lo que éramos”

F100007968Está claro que esta premonición algo debía de saber y me anticipaba, por años, como iba a avanzar mi función hasta morir nuestro guion en un género de dramedia en un sucio y absurdo teatre, donde nos quedamos sin líneas de guión, donde las frases brillantes dieron paso al cine mudo, la música indie a un ruido y el respeto o el mínimo cariño, a la puta mierda. Estuvo tan fuera de lugar como estaría yo si esto que escribo se parase solo en eso. Pero esto esto no va por ahí, y yo ahora lo sé estoy por encima. Mil atardeceres en playas y montañas se te han olvidado para siempre, o eran mentira o no eras tú o nunca fuimos nosotros, y yo empiezo a recordar por qué mil veces que me tuve que preguntar que eras, que fuimos y que es lo que nunca ibamos a ser. Así que sigo con esto, que es casi lo único que se hacer, más o menos bien y que según decía Hemingway, no existe; no existe escribir, existe sentarte delante de un folio en blanco, tú con tu putas guerras, y sangrar. Eso al menos te gustaba, seguro que ya tampoco y te aseguro que ya no me importa; seguro que un día lees algo mío y te preguntarás si habla, si siente y si lleva algo de ti y posiblemente si y seguramente, cuando lo leas, ya no.

 

Ahora mismo en el mundo se estarán diciendo millones de te quiero en miles de lenguas, en muchos casos sin hablar y usando los labios(por cierto aprovecho para añadir a lista de cosas que tiene que tener mi siempre buscada futura ex; que le encanten las mil lenguas, que comprenda cientas, que hable decenas y que siempre elija la mía) y los cuerpos, y seguro que muchos de verdad, pues cabrones y cabronas no prometáis tanto y si tenéis que elegir entre decir y no decir ,no digáis nada pero hacedlo de verdad, os vais a arrepentir muchos, sufriréis todos pero joder no puede haber nada mejor que estrellarte a la salud de quien te hizo volar y eso va por mí y por todas mis “compañeras”, palabra del niño que llevo dentro y que muchas veces me viste por fuera.

No me malinterpretéis, si volviese a cruzarme contigo y tú conmigo sin habernos conocido, como en aquella película(olvídate de mí) en la que les borran la memoria, me volvería a enamorar y te lo aseguro tú también de mí porque la vergüenza, la falsa humildad y los mensajes entre líneas se los dejamos a quien no sepa escribir. Volvería dejar que las mariposas carnívoras me hicieran una úlcera en el estómago y me dejara sin músculo y en los huesos mi corazón vigorexico que le hace caso a los ojos invidentes que no escuchan a mi mente. Pero ahora te libro para que me leas de lejos, si quieres, para que te vayas, lo necesitamos, te libro para que sueñes sin dormir, lejos de mí, yo te libro y los que fuimos se quedan atrapados entre las líneas de putas y perfectas páginas pasadas para que cuando no las tengas y solo te queden tus manos, quizás y espero que no, sientas que te faltan las míaslarge-37A los demás a los protagonistas de historias que ahora queman, empiezan y duran solo os digo que ardáis y explotéis, que la suerte no existe que las suertes solo son todos los “tú y yo” que se cuidan entre unos locos y suicidas “vosotros”, envidiados como unos perfectos “ellos”, cuando sentís que sois los únicos “nosotros” y que dependen de lo que cada puto “tú” cuide más al otro que su propio “yo”. Si no lo hacéis aquí van estas últimas líneas que también son para ti: “las fotos, los edificios, los lugares y los recuerdos irán naufragando contra los acantilados de la memoria. Los cañones, ríos y desfiladeros que forman las arrugas de tu cerebro se llenaran del agua salada de tus noches olvidadas. Los salones y dormitorios de aquello que eras, lo que recuerdas que fuimos, se hundirán y flotaran como fantasmas en el fondo del océano de los tiempos, vagaran sin órbita hacia el universal vacío de todo el amor que acaba y nunca se terminó. Y yo me quedaré en el agujero negro de los recuerdos que se desvanecen en tu mente y no te dejan de mirar.” Pues con este mensaje de clara oscuridad solo os deseo a todos que os enamoréis de alguien como vosotros, no se me ocurre mejor premio, ni, absolutamente, peor castigo. Échame la culpa solo fui un simple giro del destino.

Atentamente esa voz que habla mientras leéis desde dentro de vuestra cabeza y que firma Manu Reyes López-Guevara

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