Frío. Mucho frío. El más frío en los últimos 31 años. Unos lo recordaban como algo lejano, otros, no alcanzaban a hacerlo; algunos ni tan siquiera habíamos nacido.

Entre la leyenda y un recuerdo borroso las cámaras de nuestros smartphones y iphones la captaron y las redes sociales fueron testimonio repetitivo de su fugaz presencia. Nieve.

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Y todo cambió, la estampa blanca fue sólo un colofón, la guinda del pastel helado que fue Murcia esas semanas. Consecuencia directa y maravillosa de aquel frío y de aquella nieve que no sabemos si volveremos a ver por aquí fue la elegancia que como la nieve blanca, inundó la ciudad durante aquellos días.

Si en Murcia nevara las mismas veces que superamos los 40 grados, habría mucha más elegancia en las calles; Abrigos largos en trapería, botas cruzando la Gran Vía, sombreros y mil y un gorros circulando por Santo Domingo.

El frio, dicen los estudios,  hace avanzar a las civilizaciones en los planos científico, económico y social. Pero quizás nadie haya reparado en sus estudios en que también las hace avanzar en elegancia. ¿Por qué creen acaso que las principales pasarelas del mundo de la moda son Paris, Milán o Nueva YorK? (Déjenlo, no busquen otra justificación porque no la van a encontrar) Porque nieva, porque cuando hace frio, hace mucho frio y eso es un pasaporte a la elegancia, y a abrir la puerta a un mundo de prendas que no se nos había ocurrido que podríamos lucir. No hay prejuicios para atrevernos con ropa nueva o combinaciones rompedoras, lo que hay son termómetros demasiado altos.

street5El calor es ordinario, y un claro motivador de la deselegancia con descaro. Tiemblo solo al escuchar palabras o construcciones como “el buen tiempo”, “calorcito” o “terracita”. Las detesto de plano. Alguien me dijo una vez que el verano es para los ricos y desde luego sino tanto, lo que si es rigurosamente cierto es que para los pobres no es, no en Murcia. Entre las calles semidesérticas del estío inmisericorde que padecemos en el sureste, se abren paso especímenes humanos al borde del síncope. Señores que en los meses de invierno lucían un genial abrigo tres cuartos con una bufanda al cuello e inmaculadas botas; ahora chancletean impunes con un outfit compuesto de camisa de cuadros de manga corta por el antebrazo por dentro de unas bermudas. Clac, clac, clac, clac, clac, clac….

En enero nadie tenía que hidratarse constantemente por salir a la calle, no había que evitar ciertas horas del día, no hacía falta refugiarse a la sombra. Niños y ancianos podían no solo salir a cualquier hora, sino que debían hacerlo. La diversión estaba ahí fuera, no había que refugiarse en la costa, ni en cualquier charca o piscina los más afortunados. Dormir por la noche era un placer y no un reto sólo posible con ayuda de ventilador o aire acondicionado.

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Jose Antonio García, batería de Analogic, en una entrevista concedida a esta misma revista en su número 16 contestó: “la ropa de invierno” a la pregunta “¿qué es lo que más te gusta?” Sabia respuesta. Él lo sabía, y ahora lo sabe usted.

Sea elegante, abríguese.

Realizado por José Carlos Cubí (Periodista)

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