Bienvenidos a la primerísima edición del Visor Fest, donde el sueño de ver a los grupos de tu adolescencia, caballero/dona de treinta hacia arriba principalmente, se hace realidad. Benidorm tuvo el placer de acoger a esta pequeña creación, y creo que se dieron numerosos y prometedores puntos a favor, tanto por el emplazamiento y su sonido acojonante que ayudó a músicos y asistentes, como por el ambiente y oferta gastronómica de la que la ciudad siempre hace gala, sumado a su costa, referente en todo el país.

Se abrieron las puertas, comienza el juego y Roberto y José Miguel (Camelot DJs) tuvieron el honor de estrenar la zona de pinchadiscos, y sabían bien lo que se hacían teniendo en cuenta tamaña responsabilidad como es el abrir sonido en un festival. Chameleons Vox, el grupo formado y fundado de manera póstuma por el cantante de una de las bandas de postpunk por excelencia que dio Manchester, Mark Burgess, abrió la primera edición del festival benidormense de una manera impecable. Un sonido brutal, en el que todos los instrumentos recibían al unísono a los primeros abonados del Visor Fest, dando la mejor bienvenida a ritmo de Second Skin o View From The Beach.

Un buen descanso a base de temas pinchados por Julio Ródenas y ya está aquí, ya llegó: Ride. Uno de esos grupos que debes ver al menos una vez en tu vida, dos si tienes suerte, tres si estás bendecido. Mark, Steve, Andy y Laurence consiguieron con su shoegaze poner los pelos como agujas al público, un concierto para recordar. No es para menos, pues los asistentes les recibieron de una manera muy cálida sabiendo lo que han significado en la historia de la música, y se podía ver en sus caras que notaban lo queridos que son. Lannoy Point o Catch You Dreaming sonaron como dulces puntadas en nosotros, pero la corona de espinas se la llevó Vapour Trail, considerado todo un himno. Después de esta puñalada en el pecho con gusto que recibimos por el cuarteto inglés, llegó la puntita de producto nacional que nos brindó el festival con Megabeat-Interfront, una de las bandas bandera de la ruta del bacalao, conocida de costa a costa, literalmente. Una pinchada donde se notaban los años a la espalda, la maduración del producto, pero sin dejar tan de lado un origen tan ibérico para comenzar en los platos.

He necesitado empezar un nuevo párrafo porque se merecen hacerlos notar hasta con las reglas de la ofimática y de la redacción de artículos. En efecto, lágrimas supurando, vejigas explotando, presiones arteriales subiendo, abrazos cálidos y The Jesus And Mary Chain cogiendo los instrumentos. Los hermanos Jim y William saben lo que se hacen, y la banda escocesa parece que ha nacido para romper corazones, quebrar lacrimales y darte ostias de realidad en la cara cuando quieras. Como si de un milagro se tratara, hace pocos años volvieron a unirse para producir Damage And Joy, una traducción del alemán schadenfreude, para dar en 2017 el fruto del trabajo. Presentaron algunos de sus temas, pero lo que más le interesaba al público era revivir aquellos ochenta y noventa en los que Psychocandy, Darklands o Honey’s Dead retumbaban en sus habitaciones mientras pensaban en esa chica que les rechazó, que su madre no les entiende o que la profesora le ha mandado a septiembre. Ahora en serio, creo que sonaron fácilmente apasionantes, y entiendo que para muchos haya sido el mejor concierto del festival, razón no les falta.

Cabe añadir que Dj Amable fue el encargado de mantener los ánimos a los discos en los últimos dos interludios de la noche. El broche de este día fue a cargo de Addictive TV, también conocido por mí como la panda de pinchadisquetes que se merece un monumento. Me parece que no hubo mejor corona para el primer día. Esas mezclas de los temas más cañeros de cada década, como Breathe de los Prodigy, con esos sampleos sacados de la cultura pop, como que un bombo sea una explosión de Transformers (frames incluidos), o de Guardianes de la Galaxia una frase que hace de puente al estribillo de la canción. Me dejaron sin palabras. Quiero verlos más, gracias. Pero no, mi deseo se frustró, ya que, a pesar de los vítores, tuvieron que cerrar a las cuatro, colocando de últimas a Tenacious D en nuestros oídos.

Noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno. Y teniendo en cuenta el público que acudió, las farmacias se han debido de hacer de oro este fin de semana. Un saludo para los asistentes, un comportamiento excepcional mención aparte. Se notaba buenrrollismo allá donde mirabas. Volviendo a la tanda del último día, los entremeses de la última noche del festival corrieron a cargo de Miqui Puig, Bilbadino, y el otro doblete de la Camelot, Toño + Bryan. Entrando en los grupos, abrimos el telón y aparecen en escena Ash, que fueron de lo mejorcito que nos deparó el festival, tanto por su actitud como por la presencia y el cariño que dieron con su concierto con clásicos como Burn Baby Burn o Girl From Mars, además de presentar su última canción, Confessions In The Pool, una pieza algo adolescente que me recordó a esas coladas en piscinas ajenas veraniegas en las que tienes conversaciones existenciales con tu acompañante y os abrís en un ambiente íntimo con las luces de la piscina y el césped artificial que os rodea. El trío irlandés, Mark, Tim y Rick, dio todo un recital en su ejecución, mención especial al Mark en el bajo.

Los ánimos poco a poco se iban atenuando en el buen sentido, y es que se necesitaba silencio y hacer algo de meditación para degustar a nuestra siguiente artista, Cat Power. Personalmente, creo que este concierto habría quedado de lujo en un teatro, pues su sonido, a pesar de lo inmejorable que es el anfiteatro, es una voz que en un recital habría sido angelical. Esta estadounidense dejó a más de uno con el alma calmada, pues es casi imposible no rendirse a canciones como Sea Of Love o The Greatest, y en esta ocasión especial, Charlyn Marie Marshall nos presentaba su último álbum, Wanderer, el cual recomiendo encarecidamente que le deis una buena escucha en casa con una luz suave y degustando cada tema pacientemente. Esta ola de tranquilidad vino bien para dejar el escenario preparado para una leve subida con Saint Etienne, dando este veterano grupo un concierto, digamos, correcto. No dejó de lado temas bandera de la banda como Only Love Can Break Your Heart, He’s On The Phone o Drive, estoy seguro de que fans de la banda británica lo disfrutaron con creces.

Quiero dejar claro que esto es subjetivo, ya que se viene para lo que en mi opinión es el mejor concierto del festival, un recital de amor, calidad, felicidad, paz, dulzura, nostalgia y referencias pop como Eternal Sunshine Of The Spotless Mind. Estoy hablando de The Flaming Lips, Yoshimi por favor quiéreme. Creo que es un concierto que no os podéis perder si tenéis oportunidad. Cada canción con la que me deleitaron viene con su propio mundo e imaginería, como Yoshimi Battles… Pt. 1, con su versión del robot, visuales apasionantes y una presencia de la banda en general y de Wayne Coyne en particular, haciéndome sonreír con cada una de sus ocurrencias, gestos o comentarios. Quisiera hacer mención especial a la versión de Space Oddity (aunque todo el concierto fue una verdadera odisea), con Coyne en una burbuja paseándose por el público y al space rock de la banda en general, She Don’t Use Jelly, su paseo en unicornio por el patio o ese epílogo que fue Race For The Prize con una sobredosis de color, confeti y éxtasis puro sin cortar que nos dio a todos. Gracias por este recital, Labios Ardientes. Para el postre, el Visor Fest contó con la banda Exclamación, Exclamación, Exclamación (aunque odien que les llamen así) o !!! (Chk Chk Chk), ese dance punk sazonado con algo de rock, quiso dejar al festival servido, y lo hizo como la banda californiana sabe, con Nic Offer dando lecciones de baile a cada punta del escenario, casi teletransportándose.

En definitiva, puedo y quiero afirmar que el Visor Fest es un festival en el que se nota que es su primera edición, pero que ha sabido mantener la compostura trayendo a grupos que jamás imaginaría que podría ver y a un precio de escándalo (buen sentido, que no se me tergiverse). El aire que se respiraba era genial, y en general eran todo facilidades, buenos precios en barra y baños muy decentes. La acústica del Auditorio Julio Iglesias y su arquitectura es el punto fuerte y han sabido explotar este y sus otros pros. Esperamos con ganas que haya otra edición y se supere cada año.

¡Larga vida al Visor Fest!

Redacción: Guillermo Doménech
Fotografía: Paula Reverte

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