El amor como el desamor sabe de letras, pero no siente menos quien por no ser correspondido no ha renunciado a querer a pesar de lo vivido. Una carta escrita de todos aquellos que en semanas como estas gritarían a los cuatro vientos su verdad, y ahogan sus sinsentidos en algún que otro meme y más de una copa de vino. Y queridos míos si Chenoa sobrevivió a la cobra más mediática de la historia, quizás para el resto aún quede algún resquicio de esperanza.

Y esta carta es para ti, para aquel que lee cada una de estas palabras a sabiendas de que en algún momento fue el receptor de los sentimientos aquí descritos.

Querido Tú:

Te quiero matar cada vez que me hablas, me miras o me contestas. Me tiras de las trenzas como cuando los niños son niños y no saben qué hacer para llamar la atención de alguna individua que, por alguna extraña razón, les hace sentir vulnerables. Te miro, pero me apartas la mirada, pareces nervioso al cruzar un par de palabras conmigo, y te odio porque jamás tendrás el valor suficiente para dar un paso más. Alguna vez escribiré una historia sobre nuestro primer café.

Los meses pasan y nos vemos más a menudo, y ‘nada’ es el resumen de nuestra existencia. ¡Ay si tu me dijeras! y yo tuviera el valor de hacerlo… si cada mirada que cruzamos se tradujera en una acción, quizás, solo quizás, podríamos dejarnos ir a alguna parte. 

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Sé que acabaremos muriendo en ello, nosotros, nuestros temores y nuestras esperanzas. Todo quedará en un hasta siempre que bien podría haber sido un hasta ahora, del que decides escapar. Llevo meses entre unos y otros, ilusiones y decepciones, pero en mis conversaciones solo apareces tú y según confirman fuentes fiables mi rostro se torna risueño en cuanto empiezo a maldecir tu nombre. Te aborrezco y me aborreces, no compartes mis costumbres ni te gustan mis ropas, no entiendes mi estilo de vida, y preferirías vomitar antes que reproducir cualquiera de las canciones que posteo en mi muro, bajo abominables hashtag que escapan de tu comprensión. 

Al salir te busco con la mirada en cualquier bar, en alguno de esos que sueles frecuentar y en los que posiblemente te encuentre sin más esperanzas que el saber de tu presencia. Demasiado diferentes, me repito en voz alta.tener-un-follamigo-esta-condenado-al-fracaso-asi-lo-afirma-la-ciencia

Entonces me haces reír.

Tienes esa extraña capacidad de reducir lo complejo, inadecuado, estresante y apocalíptico de mis circunstancias en algo completamente inocuo, irrelevante, temporal… Tú que me odias, casi tanto como yo lo hago, me arrancas carcajadas cuando menos lo espero y es en esos momentos cuando algo en mi estómago me pide que grite y te despierte del letargo algún sentimiento, alguna emoción.

No me quedare esperando. Quizás lo descubriste aquella vez, cuando de reojo me avistaste besando a algún galán pasajero. No sé si hubo decepción, pero ojala la hubiera habido, al menos confirmaría que la indiferencia que me transmiten tus ojos no es tal.

¿Sabes? Tengo que seguir adelante. Si tú no quieres apostar por mí, si tu no te aventuras a mirarme a los ojos, ni a indagar en tus entrañas… Perdona si esta vez me rindo, pero ya no puedo ni espero más de un ‘nosotros’ que jamás será tangible.

Fdo. Yo

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