Si este ha sido para ti un año de paz, si lo firmarías para el año que viene igual, sin dudar, por favor alístate en otro artículo. Por el contrario si no estás conforme, si aspiras a más, si has suspirado demás, si has echado de menos, si estás vivo y no te ata la cordura, enrólate en estas líneas. Pues este es sin duda el año de nuestra guerra; guerras de corazón, batallas por la vida y luchas por sueños.

A los caídos en este año, quiero deciros antes de capitular que ,aunque no nos conozcamos, ha sido un honor batirnos el cobre de los corazones de hojalata, herirnos con metralla de errores, sacudirnos el polvo de otros polvos y hacer arder la polvora, aunque estuviese mojada y en los ojos. Ha sido un placer desembarcar, con tan pocos efectivos y casi siempre sin efectivo, en esta playa, en este “día D”, que ha sido 2016. Fue una gran ventura compartir galones asaltar galeones y tener la ilusión de poder vencer, aunque fuese imposible, aunque se fuesen las causas imposibles.

Este ha sido un año con un antes y un después. Para mí “antes y después de” es la medida de catástrofes, de profetas, de inventos, de revoluciones y guerras o sea de ti, seas quien seas que ahora me leas. Vamos a dejar los deseos y propósitos para el final, primero vamos a honrar a nuestros hermanos, y nosotros mismos, los caídos , guardemos armas, rompamos filas y la vez abramos fuego a quemarropa, así en la sien, en los recuerdos. Así en el pecho, a discreción, ataque a ese remiendo orgulloso y vencido, a ese jodido corazón.

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Ha sido un año para aprender que no tenemos nada que hacer, que es el momento el que nos elige, el que nos vive, nos usa y/o nos descarta. Un buen año para descubrir que para el tiempo, tú que lees, yo que escribo y el mundo que no(s) se para, seremos, para siempre, un momento.

Un año que se ha ido pero que no daremos por perdido; ha sido así, raro, como una sospecha de traición, sin treguas, sin flancos, con cientos de emboscadas de cuerpos sin vida que han danzado este año entre el sonido enmudecido del sinsentido de la lucha de la madrugada. Un año con más ganas que fuerzas, con más gravedad que alas, con más insomnio que sueños.

Anunciamos retirada, rechazaste mi cruzada, solo podíamos ser muertos o leyendas, pero fuimos odisea, querías ser mi iliada. Entregamos mis aspiración a que la noche fuese día, y ni todos los rescates pagarán en este ni en otros años esa ausencia enrarecida. Rechacé cuerpos de paz y otras banderas, rechacé mercenarias que ansiaban noches de gloria. Pero nos creimos traicionados por falsos mensajes del bando aliado y ahí ya, 2016, te conté entre mis caídos, mis llorados, mis recuerdos de veterano de guerra perturbado.

De manera que no caigamos, en el nuevo año, tras las líneas enemigas de las promesas; sin cartuchos de puta voluntad, o caeremos con el fuego amigo de la retaguardia, las minas soterradas de la culpa, o las bombas de humo de falsos compañeros de batalla.

Solo quedan horas de este, el año de nuestra guerra; espiritual, física y psicológica. Así pues os someto al consejo de guerra del corazón, para que penséis en lo que ya solo queda y no os espera(no confundir con “nos espera”). Para empezar bien armados y sin heridas la guerra mundial, que está a punto de empezar, os recomiendo quedaros sin lo que sobra, yo os lo hago aquí , por escrito, sobre la bandera blanca que le ondeo a este puto, duro e imperfectamente perfecto año, que se queda atrás. Y le dejo que se quede con unas cuantas cosas que ya no son mías, y que no pienso llevar mañana cuando la guerra empiece:

Quedaban mis ganas de ti,

Quedó el adiós que no tuviste,

Queda el “para siempre” sin cumplir,

Queda quién sin motivos se queda,

Quedabas mejor en mis ojos,

Te quedaban de ensueño mis manos,

Quedabas perfecta en mi cama,

Me hubiese quedado hasta el fin del mundo, si no te lo hubieses llevado contigo.

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Así que no dejemos más al reloj y el calendario mentirnos, ni matarnos que ni este 2016 ha estado, ni este 2017 estará. Solo estamos nosotros, siempre, en el año de nuestra guerra y para eso os pido que tengáis siempre, mis queridos soldados, esto presente:

Rebelión en la mente, evasión en el alma, trincheras en las venas, fusilamientos en la piel y que ganéis la guerra mundial, siendo invencibles con eso, con vuestra guerra civil interior y no dejéis nunca de atacar al puto corazón.

Feliz año, feliz guerra, invencible rebelión.

Manu Reyes López-Guevara

 

 

 

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